noviembre 1, 2016

De la emoción al miedo: mi experiencia de dirigir RENT

Rent México Memo Palacios Me propusieron dirigir el musical de Rent un sábado y tenía que tomar la decisión el siguiente martes.

Decir que sí implicaba cambiarme de ciudad, poner en pausa algunos proyectos y renunciar a otros.

¿Fue fácil? No. ¿Cómodo? Tampoco.

Pero era algo que quería hacer. Algo que tenía que hacer.

No solo porque soy fan de Rent, sino porque representaba un paso muy importante en mi carrera: la Ciudad de México, la plataforma artística más importante de México y probablemente de América Latina.

Así que acepté el reto.

¿Qué es RENT?

Para aquellos ajenos el teatro musical, Rent es un ícono de Broadway y además un parteaguas de la industria (4 premios Tony, 1 Pulitzer y 1 Grammy), ya que además de abordar temas como la drogadicción, el SIDA y la homosexualidad, incorporó géneros musicales poco utilizados hasta entonces, como el rock y el soul.

Rent es uno de los musicales que más tiempo han durado en cartelera en Nueva York.

Toda la obra es cantada por un elenco de 14 actores-cantantes, acompañada por una banda de 4 músicos (guitarra, bajo, batería y piano).

Mi rol en la compañía es hacer la dirección musical de las voces y de los músicos, además de tocar el piano durante el show.

¿Cómo elegir las oportunidades?

Lo primero que hice después de recibir la propuesta, fue investigar con quién iba a trabajar.

¿A dónde me estaba metiendo?

De inmediato llamé a mis amigos en CDMX que trabajan en el medio y la respuesta fue prácticamente la misma: “vente ya, te están invitando ser parte de un gran equipo”, “es el dream team “ me dijeron.

¿El dream team?

“Todos quieren trabajar con Diego del Río”, el Director General de la puesta en escena.

Y sí, al primer día de trabajar con él entendí por qué. El tipo tiene una habilidad única para comunicar y transmitir: siempre asertivo, directo y jamás pierde el piso. Es en efecto alguien con el que quieres trabajar y alguien de quien tienes mucho qué aprender, no importa cuánta experiencia tengas.

El resto del equipo creativo (producción, coreografía, escenografía, iluminación, etc), los cantantes y los músicos, habían trabajado ya en los mejores musicales que se han hecho en este país: El rey león, Wicked, Mary Poppins, entre muchos otros.

De hecho José Skertchly, mi supervisor musical en el proceso, actualmente dirige la orquesta de El Rey León.

Era un honor que me estuvieran considerando como director musical.

Tenía que ser parte de este dream team.

De la emoción al miedo

Era un cumplido que la producción apostara en traerme desde Monterrey.

¿Te imaginas? Habiendo tanto talento en la Ciudad de México.

Tenía una gran responsabilidad con la compañía. Se esperaba mucho de mi y con justa razón.

Debo confesar que en algún punto del proceso, sentí miedo. Un miedo que nunca había sentido en mi carrera. Porque a diferencia de trabajar en Monterrey, aquí muy pocos habían visto o escuchado mi trabajo en vivo. Mi trayectoria era respaldada solo con palabras y recomendaciones.

No podía fallar. No quería ser “el que trajeron desde Monterrey” y no pudo.

Y todo iba bajo control. Hasta que un buen día cerca del estreno, las voces del miedo entraron a mi cabeza y tomaron el control. Se hicieron tan grandes que no me dejaron trabajar con lucidez.

Por primera vez, me puse en los zapatos de todos los que antes me habían dicho: “me puse tan nervioso que me paralicé y no pude hacerlo”.

¡Lo entendí perfectamente!

¿Te ha pasado? Comprobé en carne propia que el miedo es tan poderoso que si no lo controlas puede ser el clavo de tu ataúd.

Ese día tuve que detenerme. Hacerle frente al miedo y repetirme a mi mismo: “este no soy yo, este no es mi centro, soy mucho más que esto.”

Afortunadamente recuperé el control.

A los pocos días estrenamos: “El trabajo de Memo Palacios es estupendo” dijo el periódico Reforma, “Quien merece el reconocimiento es Memo Palacios como Director Musical. ¡Bravo por su música en vivo!” publicó Chilango.com

Había cumplido con mi meta, pero nunca se me va a olvidar esa sensación de descontrol generada por el miedo, y fue algo que solo existió en mi cabeza.

¿Valió la pena?

Seré muy honesto: comparado con Monterrey, vivo en un lugar más pequeño, más viejo y más caro. Por lo tanto, más incómodo en muchos aspectos.

Mis jornadas de trabajo incluían 6 horas de ensayos diarias, 2 horas y media de transportación y otras 4 de atender mis proyectos en Monterrey.

Mi camioneta terminó rayada de ambos lados porque… CDMX.

Pero lo más difícil de todo, es que estuve lejos de mis seres queridos.

¿Valió la pena? Por supuesto.

Además de tener la satisfacción personal y profesional del reto, es impresionante ver la cantidad de puertas que se abren cuando haces bien tu trabajo.

En muy poco tiempo conocí mucha gente extraordinariamente talentosa. La conexión con músicos, cantantes y creativos de la ciudad fue inmediata.

He recibido ofertas de trabajo en proyectos de dimensiones que no hubiera aspirado si no estuviera en esta ciudad. Proyectos con compañías internacionales en las que cualquiera ha soñado en trabajar (y muero por poder contar más, pero lo haré cuando sea el momento).

¿Qué aprendí?

De esta gran experiencia puedo resumir mi aprendizaje en tres puntos:

  1. No puedes saber si algo va a funcionar hasta que lo intentas.
  2. Tu enemigo más grande es el miedo y existe solo en tu cabeza.
  3. El camino al éxito no es ni cómodo ni fácil . 

“No hay más que hoy.” 

@memopalacios

* Hay funciones de Rent los viernes sábados y domingos en el Teatro Milán.

 

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